La Voz de La Verdad

HISTORIA DE UNA RESURRECCIÓN


Ese día, la instrucción del Pastor fue “Vayan al hospital a orar por la hermana Miriam”, y así lo hicimos, nos pusimos de acuerdo con dos personas más y fuimos al hospital a hacer visita a esta hermana que por causa de una diabetes muy severa le amputarían los dedos de su pie izquierdo, ella no estaba bien ni físicamente, ni emocionalmente, y se notaba aun que le costaba creer que Dios podía hacer un milagro en su vida.

Ya en el hospital y llegando a su habitación pudimos una vez más ver en terreno cuánta necesidad hay en ese lugar, la desesperanza, el dolor y el sufrimiento se hacen sentir, hasta lo más profundo. Estaba asombrada con el escenario que estaba mirando, y en verdad hay que ser muy fuertes y tener una fe bien establecida para creer aún en medio de todo lo que estábamos mirando. Nuestra hermana estaba en una habitación común, compartida por 7 personas más, fuimos en el tiempo en que sólo uno podía estar con los enfermos una hora, hoy el panorama es distinto, pero bueno, estábamos ahí y yo no sabía que decirle, era todo nuevo para mí y estaba muy nerviosa, no sabía por qué, cuando de pronto pude oír una voz en mi interior que me decía: “mira hacia el lado, ves a esa mujer, anda y ora por ella”, miré y en la camilla de al lado había una abuelita que estaba muy mal, estaba agonizando, y sus familiares estaban despidiéndose de ella, estaba con oxígeno y en su rostro ya se podía ver que su partida era inminente. Sus familiares estaban desconsolados, lloraban y la abrazaban mientras ella ahí en su cama agonizaba.

Yo sabía que era Dios quién me hablaba y me enviaba a orar por esta ancianita, en reiteradas ocasiones mientras estábamos allí, esta voz en mi interior me habló y me repetía; “ve a orar por ella”. Yo la verdad no quería ir, no sabía que iba a pasar, pero basto que llegara un enfermero y dijo: ¡Solo quedan 10 minutos del horario de visita y después tienen que salir! Me sentí peor, pues pensaba y me decía a mí misma ¿Qué pasa si no oro al final por ella?, estaba abrumada, pensaba en que Dios me iba a reprender por no obedecer…y al final fui, me decidí en el último momento y en Fe me lancé.

Había una mujer (era la hija) al lado de la ancianita, le pregunte ¿Qué tiene la señora? Y ella me responde: Esta mal, está agonizando, son las últimas horas de su vida, no sabemos si al venir mañana ella seguirá con vida. Ella me pregunta ¿Y usted quién es? Yo le dije: Soy cristiana, ¿me permites orar por ella?, dijo que Si al instante, esta ancianita se llamaba Sara, su hija me dijo: Mi mamá cuando era joven asistía a una congregación evangélica y nos pidió que al momento de morir fuese llevada a una congregación donde pudieran cantar himnos en su velorio.

Yo me acerco a ella y la voz maravillosa del Padre me dice: pon su mano sobre su frente y reprende el espíritu de muerte en ella. Así lo hice, y le dije: “Sara, El Señor ha venido a ti en este día para darte vida, y para que la tengas en abundancia”. Terminé de orar y la hija me abrazó llorando y me daba las gracias, en ese momento yo pude ver que Sara despertó, le habían vuelto los colores a su cara, y miraba hacia todos lados, yo le dije a su hija ¿Tú crees en Dios? Ella me dijo “Yo creo que, Si” un podo dudosa, yo le dije: entonces voltéate y mira a tu mamá, El Señor la ha salvado. Cuando la hija se da vuelta, corre a ella y la abraza, gritaba de alegría, y la gente de las otras camillas estaban atónitos ante lo sucedido, el enfermero entra y dice ¿Qué paso aquí? Yo le dije a toda voz: Ese es Dios, para que crean en El, para Dios no hay nada imposible.

Me acerqué entonces a Sara que ya estaba sentada en su cama, radiante, llena de vida, y le dije: Sara soy tu hermana, y el Señor me envió para que orar por ti, quieres renovar tu pacto con el Señor…y ella me dice: “Si, si quiero seguirle”, en ese momento oramos juntas, llenas de fe por lo que el Padre nos permitió experimentar.

Los enfermos de las otras camillas decían ¡Oren por nosotros también por favor, creemos en Dios! Oramos por la gente y después nos fuimos, impactados, llenos del amor de Dios manifestado en ese lugar, vimos que la muerte no puede ante su poder, pues el ya venció en la Cruz y es una verdad y realidad para todos aquellos que creen en El. A los dos días siguientes Sara salió del hospital, sana y con una nueva oportunidad de parte del cielo. Y Yo quedando marcada para siempre con este milagro, ¡Lo vi! Vi la resurrección con mis propios ojos, y eso impacto mi corazón hasta este día.

Tú también si estas en necesidad y crees, entonces, atrae con tu fe, el milagro que tanto necesitas. ¡¡Solo Créelo!!

TESTIMONIO ACONTECIDO EN EL HOSPITAL DE TALAGANTE, EN EL AÑO 2002.

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